Violencia sexual comercial: el monstruo invisible que devora niños/as y adolescentes

Tenía las uñas y labios pintados de rojo, uno de sus colores favoritos pero que ya no le gustaba tanto, iba de la mano con el sujeto que le había jurado protegerla con su vida. Caminaba cansada, tenía sueño, solo pensaba en que la noche se acabe y ver el sol salir por la ventana rota y sucia de su habitación.

Tocaron una puerta, ¡Servicio a la habitación! dijo con voz burlona Fito (nombre ficticio), quien la llevó a aquel lugar. Camila (nombre ficticio), con solo 12 años ya sabía muy bien lo que esas palabras significaban.

La recibió un hombre grande y robusto, ella lo veía enorme. Se despidió de Fito con una leve sonrisa. Aquel hombre la tomó de la muñeca y la introdujo a la habitación, ahí le dio diferentes bebidas alcohólicas y le dijo que se veía muy “sexi”, ella le sonrió, tal como le habían enseñado, pero en su mirada solo había miedo y tristeza.

Se recostó en la cama y cerró los ojos, imaginando el amanecer que le gustaba tanto.

Camila es una de los millones de niñas que viven esta escena en todo el mundo, todos los días: abuso sexual, violación, violencia sexual comercial.

La problemática crece porque existen «violentadores sexuales» que buscan cualquier tipo de actividad sexual con menores de edad, y funciona como si se tratara de la ley de oferta y demanda, básica de la economía del mercado.

Se tiene a un “cliente” (violentador sexual) que al buscar el contacto con los niños/as y adolescentes, genera una “demanda” (requerimiento de un producto). Alguien, (proxenetas, tratantes, traficantes) le ofrece un “producto” (niñas/os y adolescentes víctimas de violencia sexual comercial). Y esta dinámica se va repitiendo constantemente expandiendo el alcance de víctimas.

Sin embargo, las estadísticas no reflejan la gravedad y realidad de esta situación debido a que, en Bolivia, existe una mala tipificación sobre el delito y, muchas veces, es tratado como un caso más de abuso sexual o trata y tráfico de personas.

Actualmente, existen instituciones y fundaciones que mediante proyectos y programas intentan luchar contra la violencia sexual comercial que parece no tener fin. Pero ¿cuál es la situación real de la violencia sexual comercial en nuestro contexto? ¿Qué leyes y/o normas protegen y sancionan a los involucrados?

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