Sobreviviendo debajo los puentes: la vida entre las drogas y el túnel del infierno

Todos en Cochabamba conocen qué pasa debajo los puentes, en el río Rocha, solo que nadie se atreve a ver más allá del morbo de saber que en esos escondites hay gente que vive como en un mundo paralelo

El puente Antezana, el puente a la Blanco Galindo y el puente Huayna Kapac son tres de los puntos más transitados en la ciudad; día tras día, miles de personas circulan.
Puente Antezana, un infierno del tráfico de drogas
Ratas y chulupis merodean entre el cemento y torrente del río Rocha, y sucios colchones rasgados que sirven para la comodidad de quienes allí habitan

Las botellas de licor vacías y botellines de alcohol potable están por doquier como tambien los papelillos de la llamada «papa», que no es más que un derivado económico de la cocaína que se consume minuto a minuto, ya que su poder adictivo es mucho mayor al de la famosa «blanca»

La «papa» es comercializada en este lugar y. cada improvisado sobrecito de esta droga cuesta 20 bolivianos y equivale a dos dosis.
Una vez pasado el efímero efecto del alcaloide, la desesperación por conseguirla es tal, que muchos salen a robar en los alrededores del puente para así obtener algo de dinero y adquirirla

El vendedor en el puente Antezana parece un rey tribal, protegido en una improvisada carpa y cómodo sobre un colchón de doble plaza. El Miky es su apodo, su verdadero nombre es desconocido.
Tres veces al día, El Miky es visitado por un matrimonio de adultos jóvenes bien vestidos y de buen habla. Le entregan una bolsa con la mercancía para vender y El Miky les entrega lo facturado durante la noche o el día, porque no hay descanso para el negocio

El poder de la droga provoca que no se duerma durante días. El Miky tiene secuaces, o soldados como se hacen llamar, y como si fuera su general, le cuidan las espaldas y le advierten de la Policía, a cada minuto gritan «no pasa nada». Además son los que llevan la mercancía a quienes van a adquirirla: jovenes universitarios, limpiadores de autos, ciudadanos de a pie y de corbata algunos, o simplemente adictos que bajan al puente

Sus secuaces están capacitados además para identificar a quien consideren un «sapo», un bocón o traidor, haciendo referencia a quienes los denuncian a la Policía. Si este es el caso, el castigo es cruel, una tortura de parte de todos. Usan cuchillas y machetes para el peor castigo y para el más leve solo desnudan al acusado y lo sacan de las cloacas a la superficie.
Durante la noche el ajetreo aumenta y la venta se dispara, sobre todo los viernes y sábado. Es en ese momento cuando optan por esconder las bolsas con los papelillos de la droga lo más cerca del río Rocha, bajo una piedra gruesa, para protegerlas de cualquier inspección policial o alguna banda rival que quiera hacer un atraco llamado «la mexicana», que consiste en arrebatar el narcótico con violencia extrema. Por ello solo mantienen la cantidad justa en su poder.
Algunos de sus «clientes» se quedan a consumir el producto en el mismo lugar. Esto le conviene a El Miky, ya que al ser breve el efecto de esta poderosa droga, aparece la angustia y es en este punto en el que el «dealer» los tiene a su merced

Los usuarios al verse sin dinero le ofrecen celulares o lo que sea de valor que lleven consigo. Así muchas veces comienza su descenso al infierno y es en ese punto donde la dignidad se escapa.

Entre los puentes Huayna Kapac y Quillacollo
Siguiendo el caudal del río que recorre la ciudad está el puente a Quillacollo, donde se encuentran los llamados «mochileros», la mayoría son ciudadanos argentinos y en menor medida chilenos; por supuesto, también hay bolivianos

Son amigos entre ellos, conversan y beben licor económico, lo llaman «caña», un diminutivo de ron cañaveral

 

En la rivera de este río improvisaron un pequeño campamento en el cual pernoctan y en donde tienen una pequeña parrilla en la cual cocinan los alimentos que consiguen durante el día, la mayoría donados por comerciantes a los cuales visitan en sus paseos por La Cancha.

Miguel y Natalia vivieron allí, son pareja hace más de dos años y juntos siguieron su destino por distintos lugares, pero es aquí donde más seguros se sentían. En su improvisada carpa llevaron su vida como cualquier otra pareja, la diferencia era su dependencia al alcohol y a la «papa», la que finalmente terminó por separarlos ya que actualmente se encuentran en las cárceles de San Sebastián varones y mujeres esperando su juicio, acusados de robar material y herramientas de jardinería a la empresa Emavra.


A unos 150 metros de distancia se encuentra el puente Huayna Kapac. Bajo este paso viven y pernoctan unos seis a siete jóvenes, menores a simple vista. A su capataz le apodan El Chino, un menor de 15 años que dejó la escuela para vivir en la calle. Él es el encargado, al igual que El Miky en el puente Antezana, de administrar la venta del alcaloide; su forma de operar es la misma así como la pareja de adultos que tres veces al día va a entregarle la mercancía.


El Chino es protegido por los otros niños, quienes entre clefa, marihuana y «papa» están constantemente bajo los efectos de estas sustancias

Son violentos y provocan peleas con piedras y cuchillas. Hace mucho que ellos reemplazaron los juguetes, los cuadernos y libros y la pelota de futbol por las drogas y las armas

La Policía mantiene mayor control en este sector, pero, al igual que en el puente Antezana, quienes viven allí esconden muy bien su producto

El tipo de cliente que llega hasta el Huayna Kapac es diferente, ya que en su mayoría se trata de personas en situación de calle, y casi todo el producto es adquirido por sus vecinos «mochileros», que con intentan evadir su realidad con droga.
El Chino cuenta que a veces la venta es mala y debe «subir» a las calles para terminar de vender. Lo hace en la Aroma, donde la comercialización es mas rápida, pero donde hay más competencia y vigilancia.

Si un lugar para los niños solos
Los mejores que viven bajo los puentes son los más vulnerables y el Estado, así como la gente, mira a otro lado de está realidad

Hubo un proyecto de crear un centro multimodal en Capinota en el que participarían la Gobernación de Cochabamba y los municipos de Cercado, Sacaba, Colcapirhua, Tiquipaya, Vinto y Sipe Sipe con una inversión de 30,6 millones de bolivianos

Allí se acogería a los niños en situación de calle, pero hasta la fecha solo es un proyecto

Esperando esta iniciativa, ellos seguirán así, esperando. Los desalojos recientes fueron por motivo de los Juegos Suramericanos, pero este evento concluyó y los chicos regresaron a sus puentes.

Casi 2 de 10 universitarios usaron drogas
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 17,4 por ciento de los universitarios de Bolivia utilizó drogas al menos una vez en su vida, mientras que el 6,1 por ciento lo hizo en el último año

Las cifras sobre la cantidad de niños en situación de calle en Cochabamba indican que son unos 2 mil.

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