“Ser migrante es dividir el corazón en dos”

Historias de venezolanos que encontraron su nuevo hogar en Bolivia.

Más de seis millones de personas refugiadas y migrantes han salido de Venezuela y algunos de ellos han elegido Bolivia como su destino.  En esta publicación UNICEF te comparte las historias de adolescentes, jóvenes, y familias que han construido sus nuevas vidas en La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz.

UNICEF Bolivia es el miembro de la Plataforma de Coordinación Inter agencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V), la cual desde 2018, une los esfuerzos de más de 192 instituciones, entre agencias de Naciones Unidas y ONGs para acompañar y complementar las acciones de 17 gobiernos de América Latina y el Caribe en su respuesta a las necesidades de esta población y sus comunidades de acogida.

“La solidaridad es esencial”

Dayimar y Néstor son una pareja de amigos que arribaron a Bolivia en momentos diferentes y hoy buscan opciones de trabajo y estudio en La Paz.

“Tuvimos que salir de Venezuela por la inseguridad que había en el país”, cuenta Dayimar, añadiendo que su hermana y ella se sentían con mucho riesgo cuando salían solas. Entre otros factores que la empujaron a abandonar su país, se destaca el deseo de obtener una buena educación.

“El tiempo que llevamos en Bolivia son más o menos cuatro años y nos estamos integrando bien”, dice la joven que se ha graduado hace poco del bachillerato y ahora tiene planes de entrar en la universidad. “Quisiera estudiar fisioterapia u odontología”, comparte Dayimar, añadiendo que también estaría interesada en montar su salón de belleza. Subraya que uno de los acontecimientos más positivos en su vida de inmigrante fue el hecho de ser acogida por una familia boliviana junto a Néstor. “Nos recibieron y nos ayudaron en todo lo que necesitábamos en estos tres años que los llevamos conociendo, y ha sido como nuestra familia”, cuenta Dayimar.

Su amigo Néstor todavía no ha decidido si se quedará en Bolivia para siempre, pero admite que le gusta mucho el país, porque pudo continuar en el colegio y conseguir trabajo – se ocupa de pintar y arreglar las casas como su papá.

Reflexionando sobre el aporte de las y los migrantes al desarrollo del país de acogida, Dayimar sostiene que lo importante es apoyarnos entre nosotros, seres humanos. “Uno tiene que sembrar el bien para cosechar el bien. La solidaridad es esencial”, añade la joven.

Es muy poética en cuanto a la percepción de su destino: “Ser migrante es dividir el corazón en dos. Es dividir la mitad de tu corazón con los seres queridos que dejas en tu país y la otra mitad con la gente de aquí, comenzando a crear una nueva vida”.

Karen: “Me han abierto las puertas”

Karen llegó a Bolivia hace cuatro años junto a sus cuatro hijos. “Salí en búsqueda de una educación académica para ellos, una buena alimentación y estabilidad”, cuenta la madre venezolana que reside en El Alto. Confiesa que, aunque no es fácil vivir fuera de su país natal, ya casi ha dejado de extrañar Venezuela, porque toda su familia y amigos también han salido de su país.

Karen cuenta que desde el principio ha trabajado en el comercio informal, vendiendo gelatina, donuts y revistas en los semáforos. Era la única opción para alguien como ella – sin documentos de regularización migratoria y con niños pequeños a los que no sabría a quién dejar. “No cuento con ningún apoyo familiar aquí en Bolivia, si o si tengo que llevar a mis hijos”, -dice ella.

Sin embargo, con el tiempo tuvo la oportunidad de capacitarse en repostería con el apoyo de UNICEF a través de la Fundación Munasim Kullakita, y ahora Karen sueña en montar su propio local: “Hoy día preparo mis tortas y las vendo”.

Karen subraya que la gente de Bolivia le ha caído muy bien “Dios me concedió la posibilidad de conocer gente de corazón, humilde, los que te dan la mano. Me han abierto las puertas, me han guiado, me han apoyado, me han orientado”. Ya consiguió un documento de identidad para permanecer y no planea irse de Bolivia: “Pienso estabilizarme y la meta es tener un negocio local propio, donde yo pueda hacer mis tortas y pueda venderlas sin necesidad de estar en la calle con mis hijos”.

María Victoria Prieto: “Se está logrando que los derechos de los migrantes sean escuchados”

Leonardo Prieto llegó a Santa Cruz hace dos años junto a su hijo e hija. Su historia es particular porque toca no solo temas de migración sino también de identidad de género. Leonardo cuenta que en su casa se habla abiertamente de la diversidad sexual, y que sus hijos conocen su realidad, escuchan y son escuchados.

“Mi papá es el ser más importante para mí en este mundo, – cuenta su hija María Victoria Prieto. Me ha enseñado muchas cosas, la diversidad es una de ellas. Desde que tomó la decisión de ser mi papá y siempre ser así, estoy muy orgullosa”. Según ella, muchos derechos de los migrantes siguen siendo vulnerados y la gente continúa tomándolos como seres diferentes. Sin embargo, subraya, prefiere concentrarse en las acciones positivas que se están haciendo para cambiar. La joven cree que poco a poco “se está logrando que los derechos de los migrantes sean escuchados”. Ella misma pone su granito de arena para resolver el problema, participando en las capacitaciones para niñas y niños bolivianos sobre derechos humanos.

María Victoria admite que ve su futuro en Santa Cruz. Al principio echaba de menos su casa y amistades en Venezuela, los árboles de mango que plantó en su jardín. “Son cosas que estoy volviendo a crear aquí”, – añade la joven sonriente.

Leonardo igual que su hija piensa en una vida en Bolivia. Ya tiene un pequeño emprendimiento itinerante – vende choripán y está contento por las oportunidades que ofrece el país a su familia. “Ser migrante es comenzar de nuevo, es soñar de nuevo, es construir desde cero, es adaptarse, es crecer, es flexibilizarse, es conocernos”, concluye el.

Víctor Alfredo Caravallo: “Si la planta no bota flor, tienes que cambiarla de lugar”

Yamile Carvajal llegó a Bolivia primero, después de un tiempo la siguieron sus hijos. Recuerda que justo la noche que dejó Venezuela, sus niños se enfermaron. Tenían fiebre, no querían que su madre se fuera, pero según Yamile, la situación la obligó. Tenía que buscar el futuro para mis hijos, comenta ella. Por suerte ya están reunidos en Cochabamba – la ciudad donde encontraron las opciones de trabajo y estudio.

Eligiendo el destino para una nueva vida, Yamile contó con el apoyo de su hijo adolescente Víctor, que investigó el asunto con los libros y el internet. “Confío mucho en mis hijos, que sí lo van a lograr. Son jóvenes, tienen su mente fresca y sé que van a luchar y van a poder. No habrá problemas que ellos no resuelvan”, dice la madre orgullosa.

Víctor admite que no era fácil cambiar de lugar y al empezar esta nueva vida perdió la oportunidad de decir el último adiós a su abuela. Se sintió muerto al haber abandonado Venezuela, pero con el tiempo se integró en la realidad boliviana. “Cochabamba se ha vuelto muy importante para mí, ahora es mi hogar”, comparte el joven, añadiendo que le gustaría comprar una casa y obtener dos carreras – en medicina y diseño gráfico.

Hablando de la migración cita las palabras sabias de su difunta abuela: “Si la planta no bota flor, tienes que cambiarla de lugar y allí vas a ver lo que es la evolución”.

Fuente: UNICEF Bolivia

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